
No ha sido fácil. El partido fue lo que se esperaba, una tormenta de músculo más que otra cosa; o una película del oeste, como diría Alfredo Relaño, con galopadas, saltos, caídas, tiroteos... y en el tiroteo ha salido victorioso el Racing, que cuenta con el vaquero más rápido del oeste: Víctor Mena, que colocó el segundo gol en medio de la tempestad para matar el partido. Partidazo del Guarromán, por cierto, que lo intentó una y otra vez con tesón, casta y talento, especialmente por medio de Tato, que me parece el mejor futbolista del equipo de Paco Sabiote. Ese número siete es otro extremo hábil y escurridizo que incrementa el espectáculo cada vez que entra en juego. Pero todo esto no fue suficiente. En frente se encontraron con una defensa enorme y solidaria, y con un Pacheco en la portería que evitó el e

Buen partido del Guarromán, decía, que puso todos los medios necesarios para evitar la conquista de la fortaleza. Pero el Racing era consciente del reto que tenía ante sí y supo jugar el partido. Jugó, luchó, peleó, marcó y volvió a ganar. Supo jugarle al Villacarrillo la semana pasada, le bailó y le pintó la cara con tres goles; y hoy el Racing ha sabido sufrir, ha manejado bien los tiempos, controló la situación, no perdió la calma y se llevó el partido. Tres puntos más para los de Joaquín Pérez y la sensación de que el equipo crece, de que los veteranos rejuvenecen y los jóvenes aprenden y evolucionan. Me agradó el Guarromán, mucho además, pero la fórmula del Racing de juventud, veteranía, trabajo y humildad, me enamora.