El caso es que Jesús nos cuenta que con esto de la crisis económica, mucha gente ha optado por colegiarse para ganarse unas pelillas de más, bien sea para llegar a fin de mes, o para permitirse algún que otro caprichillo. Realmente, me parece un plan estupendo. Si yo me marchara a estudiar lejos de casa, seguramente no tardaría ni dos días en presentarme en el Colegio Provincial de Árbitros para iniciar el cursillo de formación y ponerme a pitar partidos de benjamines en el menor
tiempo posible. Sin embargo, no sé si esto es bueno o es malo para el fútbol, opiniones hay de todos los gustos y colores.
Los Comités, según he leído en ese artículo del blog "Fuera de Juego", piensan que este incremento en el número de colegiados elevará el nivel del arbitraje español. Bueno, puede tener su lógica: a mayor número de árbitros, mayor competencia, y cuando la competencia es alta, el nivel debería de ser más elevado. Sin embargo, yo creo que lo que en realidad va a aumentar es el número de líos y zapatiestas.
"Ser árbitro es algo vocacional. Te tiene que gustar, hay que vivirlo". Ésta es una respuesta muy frecuente y muy bonita que suele dar un buen
árbitro cuando le preguntan por su condición de colegiado. Que la respuesta más común pase a ser "Necesito algo de pasta", realmente me preocupa. Porque si el que va a impartir justicia en un terreno de juego no siente el más mínimo interés por su labor, y su única preocupación es que pasen pronto los sesenta o noventa minutos que dura el partido para cobrar su dinero, qué queréis que os diga, no me parece esto un aumento de nivel, precisamente. Porque cuando no hay motivación ni sentimiento al hacer algo, normalmente el resultado suele ser nefasto. Yo, personalmente, prefiero que haya poquitos árbitros y que esos poquitos sean del estilo de Jesús Cárdenas o Sito Hernández, por poner un par de ejemplos. Gente que no sólo arbitra o asiste, sino que respira el arbitraje. Uno de ellos ya está en la élite, el otro no tardará. ¿Y sabéis por qué? Porque aman lo que hacen.