

De todos los equipos que han pasado por el estadio de Linarejos, La Guardia ha sido el único equipo que no se ha encerrado en su campo y que ha atacado al Linares de principio a fin. La presión de La Guardia siempre se inició en el área del Linares, de hecho, creo que Diego Plaza, delantero visitante, es el único jugador de la categoría que puede decir que ha presionado a Chico en la salida del balón, y La Guardia, el único equipo que puede presumir de haber tenido cuatro ocasiones claras de gol en Linarejos. Como aficionado que soy, lo agradezco, me gusta que los equipos ataquen y sean descarados, supongo que el resto de aficionados también simpatizáis más por equipos valientes que por conservadores, al fin y al cabo, vamos al fútbol para ver goles. Sin embargo, me pregunto si atacar y ser valiente en Linarejos no es una misión su
icida, más aun si ya vas palmando en el primer minuto de juego.

La Guardia probó algo que ningún equipo había hecho antes: atacar al Linares en su campo. Insisto, fueron valientes y se agradece, pero no sé si fue el plan más inteligente. Fue una batalla muy desequilibrada que me recordó a las guerras que libraban los indios y los colonizadores europeos en el lejano Oeste. Los indios defendían el territorio con hachas y flechas, con palos y piedras; los colonos atacaban con pistolas y escopetas. Algo parecido sucedió ayer en Linarejos, donde el Linares hizo siete goles (y pudieron ser muchos más), y La Guardia falló las cuatro ocasiones que tuvo. Tras el experimento, la cuestión es: ¿Atacar o encerrarse en Linarejos? En esta ocasión, como en el lejano Oeste, ganaron los más fuertes y los cementerios se llenaron de valientes.