A Valdivia le conocí cuando coincidimos en Los Villares hace cinco temporadas, por aquel entonces nos entrenaba Julio Ángel Ruiz y la verdad es que fue un año dificilísimo. Teníamos un buen equipo, pero en octubre comenzó la instalación del cesped artificial en el campo de Los Villares y las obras se alargaron hasta el mes de junio, por lo que estuvimos prácticamente toda la temporada sin poder entrenar en nuestro campo. Aquellos martes de diciembre entrenando en La Salobreja eran feísimos, por no hablar de cuando Julio se buscaba la vida para poder entrenar en algún campo de la provincia y poder tocar así algo de balón durante la semana... Finalmente, después de algún que otro coqueteo con el descenso, pudimos salvar el equipo y Los Villares se quedó en Preferente. El fútbol es un tren de alta velocidad y de aquello nadie se acuerda. Insisto, el fútbol es así.
En aquel Vestuario conocí a Valdivia, un delantero que siempre se dejaba la piel en el campo por la camiseta que defendía. Que se crecía en los peores momentos y que nunca dejaba de luchar. Ponía películas para motivar al personal y recitaba frases legendarias para tocarte las fibras antes de ir a la "guerra". Era el primero en ir a la batalla y el último en volver de ella. Nunca se rendía... Y aunque en estos momentos está triste y un poco asustado, sé que mañana entrará al quirófano con valentía y saldrá de él para volver a las andadas. Porque "el Valdi" nunca se rinde.