
El récord es descomunal, pero reflexionando sobre su estilo de juego, uno se puede percatar de que es sólo una cuestión de probabilidad. El Torredonjimeno juega a tener la posesión todo el tiempo que sea posible, ése es su estilo y ése es el ADN que Roger ha transmitido a su nuevo equipo. Si de 90 minutos, conservas el balón durante 70, tienes una alta probabilidad de hacer goles, y al mismo tiempo estás limitando a 20 minutos el tiempo de maniobra de tu rival. Por tanto, aunque el fútbol no es una ciencia exacta, la probabilidad de que gane el equipo que tiene el balón durante más tiempo, es mucho más alta que el que no lo tiene. Además, esto implica que el rival pasa más de una hora corriendo detrás del balón, haciendo entradas para intentar recuperarlo, lo cual aumenta la posibilidad de frustración y, en consecuencia, la probabilidad de jugar contra diez.
Lo que quiero decir es que las posibilidades de ganar al Torredonjimeno pasan por voltear su ámplio espacio de posesión, desnaturalizar su identidad, y eso es lo que hizo ayer el Valdepeñas. Los de Óscar Monedero no se encerraron, como vi hacer al Villargordo, sino que se lanzaron hacia arriba desde el primer minuto e impidieron que los toxirianos pudieran sacar el balón jugado. Además, el técnico linarense volvió a utilizar la obsoleta táctica del marcaje al hombre (ya lo hizo ante el Iliturgi) y sacrificó un efectivo para eliminar a otro: "igual se me hunde el barco pero al menos vamos a joder el iceberg", debió pensar. Y el caso es que acertó. Con Júber maniatado, el Torredonjimeno tuvo serios problemas para elaborar. Sin un dominador claro, Juanma adelantó al Valdepeñas y, aunque hubo alguna que otra ocasión por cada equipo, el marcador no se movió y Valdepeñas se llevó un duelo de canteras.