
Aunque la decisión me parece correcta y responsable, entiendo que rechazar una plaza después de ganar una eliminatoria debe de resultar un tanto incómodo. Pero esta vez Los Villares se ahorrará el trago. La derrota en tierras malagueñas dejará al conjunto villariego en Preferente, sin necesidad de que nadie pueda acusarles de festejar algo irreal. ¿Por qué tanto interés por quedar terceros? ¿Para qué jugar una promoción de ascenso si la postura es rechazar la plaza, pase lo que pase? Estas son algunas de las preguntas de aficionados que inundan mi correo electrónico. La respuesta la desconozco, pero el caso es que Los Villares no tendrá que rechazar nada en esta ocasión.
"Al menos evitaremos la vergüenza de volver a recharzar un ascenso", me decía esta mañana un aficionado que viajó ayer a ver el partido. Una dulce derrota, pensaba yo en consecuencia. Insisto, me parece correcto y responsable apostar otra vez por la Preferente, pero observo que hay quien empieza a cansarse de la situación: "mucho equipo y mucha promoción, pero al final sólo es una pantomima, una mentira, no existe un objetivo deportivo, no luchamos por nada", me contaba otro anoche. En contraposición, dos autobuses llenos de aficionados llegaban al pueblo al filo de la media noche. Pero este es otro debate, consolidado en la provincia, pero que empieza a establecerse también entre los propios socios, que empiezan a dividirse. La variedad de opiniones siempre es sana, pero la división nunca es algo positivo.