Pero apartando a un lado este caso particular, es cierto que vengo observando una corriente de opinión abanderada por padres y madres con muchos derechos y derechas, que sobreprotegen a sus hijitos amparándose en un absurdo concepto de igualdad que conduce a la autocomplacencia y la mediocridad. "Todos los niños son iguales y lo justo es que jueguen todos el mismo tiempo". Pues no, oiga. Porque todos los niños son diferentes y cada uno evoluciona a su ritmo. Esto siempre ha sido así, es así, y seguirá siendo así. Y es que solemos hablar de valores como la amistad, el compañerismo, la educación o el respeto, pero me da la sensación de que mucha gente olvida que debemos de educar a nuestros pequeñajos premiando el trabajo, la constancia, el esfuerzo, el sacrificio y el afán de superación.
Insisto: todos los niños no son iguales. Y tampoco hay niños buenos y malos (porque a esas edades todavía no saben jugar al fútbol). Lo que sí hay son niños mejor adaptados a la competición que otros, y es por eso por lo que hay niños que juegan más que otros. En este sentido, pienso que el objetivo y el reto de todo entrenador-educador debe de ser trabajar para tener el máximo número de críos adaptados a la competición, y es por eso, también, por lo que se da la circunstancia de que niños que juegan ahora mucho, luego juegan menos con el paso del tiempo, y vicecersa. Pero para conseguirlo, se necesita tiempo, paciencia y espíritu de superación. Hay que premiar el trabajo, exigir, y no caer en la autocomplacencia. Una convocatoria no puede ser confeccionada bajo la influencia del particular concepto de igualdad de una madre, o bajo el ego ciego de un padre.
El fútbol y la competición pueden ser un instrumento educativo ideal. No podemos olvidar que, ante todo, se trata de formar personas, gente sana y competente. Ya se sabe: en esta vida nadie regala nada, y menos con la que está cayendo. La vida es una competición, pero a lo bestia. Y podemos hacer dos cosas: proteger en exceso a nuestros hijitos, o bien transmitirles mediante el fútbol que deben de esforzarse y superarse para llegar a jugar más minutos. Porque ahí fuera, o estás a la altura, o no vas a ninguna parte. Y cuando el niño sea hombre, de nada servirá que papi se ponga a ladrar en medio de la jungla.