
Sebastián Vilchez, presidente de La Guardia, apuntaba hacia el banquillo como principal argumento de la metamorfosis experimentada por el equipo en cuestión de meses. Y es que el año pasado, una vez concluida la primera vuelta, el conjunto de La Guardia sumaba quince puntos y se mantenía a dos sobre el descenso. Este año, Julián Beltrán ha cogido la misma plantilla, ha incorporado cinco refuerzos (De la Torre, Tete Badillo, Ñaña, LLorens y Sánchez) y suma 14 puntos más que la pasada temporada a estas alturas. No hace falta que lo apunte el presidente, los números hablan por sí solos.
No obstante, estoy convencido de que el actual grupo humano es la mayor fortuna que ha guardado el vestuario de La Guardia en muchos años. Tal vez, desde los tiempos de Julio Ruiz con aquel ascenso a Preferente y la consecución de la Copa Subdelegado, no se había respirado un ambiente parecido en el seno del club. La Guardia cuenta con un grupo de jugadores que, como ya hicieran en la etapa del Racing Jaén, se juntan año tras año para disfrutar de la competición y rechazan otras ofertas con tal de permanecer siempre unidos. La Guardia, por tanto, no tiene una plantilla de jugadores, sino una pandilla de amiguetes que juegan por amor al arte. Y esto puede llegar a ofrecer resultados impresionantes. Como los de aquel heróico Racing Jaén.