
Lo del Villargordo es un ejemplo claro, porque no ganaban un solo partido en casa desde el 6 de noviembre. Con esta racha negativa recibían a un Santo Tomé que hasta ese momento era el equipo menos goleado de la liga (12 goles encajados en 16 jornadas), y que, además, nadie salvo Los Villares había conseguido hacerle tres goles en un mismo partido. Pues en medio de este panorama desalentador solventó su compromiso el Villargordo y venció por 3-2 al Santo Tomé contra todo pronóstico para situarse a dos puntos de la salvación. Algo parecido a lo que sucedió en Guarromán, donde pocos esperaban que el Navas de San Juan se descolgara con una victoria incontestable de 0-3.
Sin duda se trata del efecto que provoca el agua cuando roza el cuello del náufrago. El estado de urgencia en que se encuentra la víctima motiva una reacción prodigiosa que, en ocasiones, puede llegar a salvarle la vida. Cuando esto se traduce al fútbol, resulta que los equipos atrapados en la zona de descenso se tornan peligrosos, imprevisibles. La supuesta desventaja técnica ahora se compensa con esfuerzos extraordinarios, y un simple partido de liga alcanza la dimensión de finalísima a vida o muerte. Navas, Villargordo, Beas de Segura, Huelma... equipos con la urgente necesidad de puntuar. Supervivencia pura y dura. Insisto en que no me gustaría jugarme nada contra ninguno de ellos en lo que resta de liga.
