

Pues ni rastro de todo aquello. El reloj marcó la media noche y el cuento volvió a ser lo mismo de siempre: un equipo triste y sin entusiasmo, una directiva chupasangres, y una afición rebotada y desilusionada. Pero ahora, tras el experimento de Gregorio Manzano, que, dicho sea de paso, se podía haber evitado porque nadie creyó jamás en ese proyecto (ni él mismo, que ni siquiera pudo trabajar con su gente), llega el Cholo Simeone con el beneplácito de la bicefalia Gil-Cerezo y vitoreado por el Vicente Calderón. Parece que respaldo y apoyo no le van a faltar, privilegio indispensable del que, por desgracia, no gozó nuestro paisano.

Y aunque no me han gustado absolutamente nada las maniobras utilizadas por el club en la transición Manzano-Simeone, reconozco que la apuesta del Cholo me agrada y me ilusiona. Principalmente porque tengo la sensación de que, a poco que los resultados y la imagen del equipo vayan mejorando, tendremos entrenador para rato, gozaremos de una pizca de estabilidad. La afición parece ilusionada con una de las figuras históricas del club, jugador con presencia, contundente y comprometido. Apasionado. "Quiero gente que se deje el alma por esta gloriosa camiseta", dijo en su presentación hace unos días, tocando las fibras de algunos colchoneros. Así que no creo que la directiva cometa la torpeza de maltratar este pequeño nexo de unión que ha encontrado con su hinchada. O eso espero.
Tendremos que esperar para comprobar si el Cholo Simeone es capaz de transmitir a sus jugadores la memoria histórica de esta gloriosa camiseta. Para que cada vez que salten al terreno de juego, lo tengan muy presente y corran como condenados, maldita sea.
